jueves, 18 de junio de 2020

Cena con amigos

Habíamos quedado para cenar. Era un sábado más con amigos. Yo me había adelantado con ellos y la esperaba en el restaurante.

Ella terminaba de trabajar tarde y se iba a duchar y a ponerse guapa como cada sábado que salíamos.

Por la mañana la sentí rara como más picarona que de costumbre, llevaba toda la mañana una sonrisa en la cara...que la última vez que se la vi, casi la liamos en aquel barco.

Se abrió la puerta y apareció ella. Muy guapa, como siempre. Su pelo arreglado. Maquillada suavemente y con un vestido liso, ajustado de cuerpo, pero con una falda de vuelo que le llegaba hasta casi las rodillas, de color verde esmeralda con un estampado de amapolas rojas. No pude contenerme y me levanté rápido. Fui a su encuentro. Y abrazándola fuerte, la miré a los ojos. Le dije

- te hubiera esperado en casa y te habría ayudado a ponerte el vestido.

- entonces igual no habríamos venido a la cena, además te gustará más el haberme esperado aquí – me contestó ella.

Y me volvió a hacer la sonrisa que tan nervioso me ponía porque sabía que algo iba a pasar.

Después de saludar a todos nos sentamos juntos. Empezamos a pedir y prefirió tomarse un martini blanco. Yo seguía con el vino tinto. Ya estábamos comiendo. Cuando de repente veo que se le cae algo a ella justo al lado de sus piernas, rápido me agacho a cogerlo y conforme estoy subiendo con la servilleta, que era lo que se le había caído, me pone la mano a la altura de la nuca para que no pueda levantarme y al inclinarse ella hacia mí, me susurra al oído

- creo que deberías comprobar algo.

Me libera la cabeza y al mirarla me vuelve a hacer esa sonrisa.

Ya creo que se por donde va.

- Me quedo pensado. Pero no creo. ¿Aquí? ¿Con nuestros amigos?

Me incorporo y continuamos cenando. Ya casi habíamos terminado y dejo caer mi mano en su rodilla, la acaricio y poco a poco voy subiendo la mano por su muslo. Ella mete la silla más adentro de la mesa y como el mantel era largo, se lo pone un poco por encima de las piernas. Yo sigo acariciando su muslo y subiendo cada vez un poco más, hasta que mirándola con los ojos muy abiertos le susurro.

- ¿nada?, ¿No llevas nada?

A ella solo le sale una pequeña carcajada. Al oírla algunos amigos que estaban hablando entre ellos se giraron a mirarla por la sonrisa tan extraña. Ellos siguieron hablando y yo seguí subiendo la mano poco a poco. Conforme subía la mano, ella abría un poco más las piernas. Al llegar al fondo. Note su sexo. Estaba suave, arreglado para la ocasión, se había tomado su tiempo para dejarlo listo para mí. Con mis dedos separé los labios de su sexo, notando lo húmeda que ya estaba, y al tocar su clítoris se le escapo un pequeño gemido y lo disimuló rápidamente con unas risas, como si yo le hubiera dicho algo gracioso. Yo notaba como mi pene cada vez se iba poniendo más duro, la situación se estaba poniendo tensa, allí todos hablando entre ellos y nosotros solo pendientes de nuestros cuerpos. Seguí acariciándola hasta que introduje dos dedos dentro de su sexo cada vez más excitado. Seguí con suavidad, metiendo y sacando los dedos, mientras ella intentaba disimular, y de vez en cuando hacia una mueca en forma de sonrisa. Notaba como cada vez se excitaba más, mis dedos cada vez más rápidos, pero con cuidado porque había veces que nos hablaban y estaban pendientes de nosotros. Yo cada vez más duro y excitado, solo quería irme y terminar lo que habíamos empezado. Seguí con el movimiento de mis dedos dentro de su sexo hasta que ella de un pequeño movimiento tiró una copa en la mesa y agarró mi mano para que parara, estaba a punto de correrse. Al sacar mi mano de entre sus piernas se levantó y sin decir nada se fue al aseo.

Los aseos estaban detrás de una puerta, que una vez pasada llevaban a las otras dos puertas de los baños. Al tiempo que se dirigía al aseo pude ver como con ese vestido y sin braguitas, su trasero se movía sin parar a cada paso que daba, mientras yo no podía dejar de sentir aquel olor que se había quedado impregnado en mía dedos.

Justo antes de abrir se giró y me miró con la misma sonrisa pícara que llevaba todo el día. A los pocos segundos me levanté y fui a buscarla al aseo. Al abrir la primera puerta pensaba que estaría allí esperándome, pero no fue así, y pensando que estaría donde debía, abrí la puerta del baño de chicas. Mi sorpresa fue que no estaba allí y me quedé un poco extrañado. Justo cuando vi que entre las dos puertas había otra que solo ponía un cartel que decía, solo personal autorizado. Cuando se abrió de repente y allí estaba ella. Me cogió rápido y me metió para adentro. Había muy poca luz, solo la que provenía de una especie de ventana que daría a la calle. Al entrar y cerrar la puerta se agarró a mí, besándome con pasión, agarrada a mi cuello. Yo la cogí de su trasero, pero por debajo de la falda, notando su piel en mis manos, ella me desabrochaba el pantalón con una mano, mientras con la otra apretaba con fuerza mi pene duro. Fui metiendo las manos entre sus nalgas hasta llegar a su sexo y seguí notando su humedad y su excitación. No aguantaba más, ni ella ni yo, y allí como estaba sobre una caja de refrescos, la giré y la puse de espaldas. Ella había terminado de bajarme los pantalones y mi pene estaba fuera esperando notar su interior. La abrace por la espalda y una de mis manos fue directo a su sexo, le levante un poco la falda, mientras la besaba y ella me decía.

- métemela ya, no aguanto más.

Y eso hice, abriendo un poco sus piernas, mi pene se introdujo dentro de ella, notando su calor y su humedad y soltando ella un gemido seco y fuerte. Al darse cuenta se tapó la boca con una mano. Le incliné un poco el cuerpo, mientras la agarraba de las caderas para penetrarla más fuerte y más rápido. Ella se agarraba como podía a las cajas mientras intentaba controlar sus gemidos. Ya no podía más y solo sabia decirme entre pequeños gritos que no parara. Hasta que de repente, apretó fuerte los dientes y se agarró como pudo a las cajas. Yo no podía parar. Notar las contracciones de su sexo en mi pene hacían que yo no pudiera aguantar mucho más y en una de las penetraciones noté como la llenaba de mi leche, y mis piernas empezaban a temblar, apreté fuerte los dientes para no hacer ruido y me quedé pegado a ella unos instantes. Ella sacó del su mini bolso unos clínex y nos limpiamos, teníamos que volver, pero antes, sacó también del bolso y tanga de encaje verde oscuro. La ayudé a ponérselo. Y nos dirigimos a la mesa con nuestros amigos. Al llegar alguno de nuestros amigos se extrañaron por la tardanza y alguna amiga le hacía sonrisitas a ella. Los dos con cara sonriente, cara de placer, seguimos cenando. Y cada vez que nos mirábamos sonreíamos recordando con la mirada lo que había pasado en aquel restaurante.


viernes, 5 de junio de 2020

Un Domingo de playa



    Habíamos quedado para bajar a la playa, como siempre llegaba puntual, algo que me hacía sentir importante, porque se daba la prisa necesaria para estar conmigo.

    Era un domingo de julio, me da igual el día, ya eran las 11, me gusta bajar pronto y buscar un sitio tranquilo, un poco alejado de la gente, donde poder relajarme, teníamos que andar un poco para eso, pero no nos importaba, porque los dos queríamos esa tranquilidad.

    Yo estaba en la puerta esperando, cuando llegó él, con su coche, un Renault captur, verde, rojo y negro, una combinación un poco extraña de colores, pero le daba un toque muy personal. Casi ni paró y me subí en el asiento del copiloto, nada más entrar me fijé que llevaba un bañador de muchos colores y muy vivos, haciendo formas triangulares y una camiseta completamente blanca, resaltando su tez morena y esos ojos que me enamoran. Me encanta verlo porque me mira con esos ojos azules y me sonríe, una sonrisa que me derrite, una sonrisa que hace que se me ponga un nudo en el estómago, y unas ganas tremendas de besarlo.

    Y eso hice, me senté y me abalancé hacia él, cogiéndole la cara y despacio llevé mis labios junto a los suyos….Por favor me encanta su sabor, me encanta sentir sus labios carnosos muy pegados a los míos, sentir como se quedan casi pegados, que al separarlos, ellos no quieren seguirnos, solo quieren estar juntos, por eso vuelvo a juntarlos y lo beso con más fuerza.

    Ya llegamos a la playa, no hay casi nadie, eso me gusta, podremos elegir un buen sitio para aparcar y para ponernos en la zona que queramos, aunque yo le insisto que andemos más, para estar lo más alejados posible. Después de 10 minutos andando descalzos por la orilla, decidimos parar y dejamos las bolsas cerca de las dunas, un tanto alejados de la orilla, creo que ya he dicho que quiero estar tranquila, no sé, tengo el cuerpo tonto y necesito cariño, y me encanta su cariño, me encanta como me abraza y como me toca, me hace sentir especial, importante, seguro de él y eso me excita mucho.

    Ponemos las toallas en la arena, bien juntas, no quiero que se separe mucho de mí. Me tumbo en la toalla boca abajo y le pido que me ponga crema por la espalda, primero se la pone en sus manos para darles un poco de calor y luego me pone cada mano en un hombro y desde ahí empieza a restregarme la espalda con la crema, siento como se deslizan sus manos por la espalda, como resbalan por ella, me pone la piel erizada, sentir como me toca… si supiera lo caliente que me está poniendo, solo con ponerme la crema. Creo que lo sabe, porque sus manos ya han pasado la espalda y las tengo a la altura de mi culo, aunque pasan un poco de largo y se dirigen a las piernas, pero ese sutil roce en las nalgas me pone más nerviosa todavía. Llevo un bikini verde oscuro liso, y la braguita la verdad es que es un poco pequeña, pero me gusta así, me siento cómoda con este bikini cuando estoy con él, no sé, quiero estar sexy para él, me gusta cómo me mira cuando me ve sexy, aunque él me dice que siempre lo estoy, yo lo noto muchas veces como me mira, como sonríe, esa sonrisa idiota y esa mirada penetrante que recorre todo mi cuerpo y me da calor solo con ver cómo me mira y siento tan dentro de mí, porque me mira a mí, me mira con pasión y deseo, nunca me habían mirado así y me gusta mucho que alguien se fije en mí de esa manera.

    Sus manos vuelven hacia mi trasero después de llenarme las piernas de crema. Él está casi sentado encima mía, a la altura de mis muslos, ahora se para en mi culo y mete las manos por debajo de las braguitas, me encanta sentir sus manos masajeándome, sé que ahí no tiene que poner crema, pero me gusta cómo me toca. Se recrea un rato tocándome, la verdad, me tiene muy mojada ya. Yo sigo boca abajo y mi cabeza apoyada en mis brazos, los ojos cerrados, aunque a veces los abro y lo miro de reojo con una sonrisa un tanto pícara. Saca las manos de mis braguitas y las vuelve a poner en la espalda y esta vez, para llegar bien, se sube un poco más y se sienta casi en mi culo. Sigue masajeándome la espalda y…Dios…no puede ser….noto….si lo noto sí, no estaba segura, pero si, noto su excitación encima de mí, noto lo dura que está y como hace fuerza para que la note….puf esto ya me supera, notarlo así encima de mí y yo con las ganas que tengo de él, de ser suya, de sentirlo dentro de mí. Se acerca a mi cara, notando todo su cuerpo pegado al mío y al oído me susurra…

- Vamos al agua.

    No es lo que dice, es como lo dice, susurrando, con palabras suaves, lentas. La piel se me eriza de nuevo y una vez que él se ha levantado, yo hago lo mismo, me coge de la mano y de una carrera vamos directos al agua. No recuerdo ni si estaba fría o caliente el agua, creo que más caliente que yo no podía estar, por eso aunque estuviera fría no podría notarla. Como podemos llegamos al fondo, donde casi no se toca la arena. 

    Él me coge fuerte y me sube encima suya, me agarro a su espalda, pegando mi pecho contra el suyo, noto como sus manos me sujeta el culo y noto como sus dedos se abren paso entre mis braguitas, noto como sus dedos me van acariciando mientras no puedo dejar  de besarlo, me aprieta fuerte contra él y noto lo duro y excitado que está, noto como roza su sexo con el mío y como el movimiento de las olas hacen que nos rocemos mucho más, noto como sus dedos llegan a mi sexo, que está muy húmedo y no precisamente por el agua, noto como me acaricia y como poco a poco va metiendo algún dedo dentro de mí, justo en ese momento me agarro mucho más fuerte a él y suelto un pequeño grito junto a su oído, hace un gesto de apartarse, nos reímos porque le ha pillado desprevenido el grito tan cerca. 

    Noto como me suelta un brazo y se lleva la manos al bañador, lo desata y apartando un poco mi bikini, la noto, noto como entra, noto como está excitada y la noto dentro de mí, cierro los ojos y suspiro al tiempo que una pequeña ola hace que entre de golpe y la sienta en todo mi cuerpo, me agarro fuerte a su espalda y le clavo las uñas con fuerza, creo que le he dejado marca, pero me da igual, solo quiero sentirlo dentro, no hace falta ni movernos, el pequeño oleaje nos mueve, nos hace bailar  el uno con el otro y la verdad no puedo más, aunque las olas nos mueven no puedo resistirlo y le pido que se mueva y agarrándome fuerte de mis nalgas me aprieta contra su cuerpo y me mueve cada vez más fuerte y más rápido. A él lo noto muy excitado también, yo no puedo más, necesito terminar, necesito llegar y sentir todo ese placer como recorre mi cuerpo, me encanta lo que me hace, de repente noto como mi cuerpo se estremece, ya llego, no puedo más y mi cuerpo empieza temblar, no me salen las palabras ni los ruidos, solo puedo temblar de placer encima suya, al mismo tiempo lo noto a él como me agarra fuerte y con un gemido seco, para de golpe, estamos exhaustos y relajados, muy relajados, nos miramos y nos reímos, nos besamos entre risas. Nos damos un pequeño baño ya un poco más separados, nos salimos a la arena y allí tumbados en la toalla nos quedamos mirándonos sin decir nada, solo mirándonos y sonriendo, no queremos que pase el tiempo, no quiero que pase, quiero tenerlo conmigo y que no se vaya, me gustan los días de playa, sobre todo los excitantes.


Tarde de postres

Abro la puerta de casa y siento ese olor, que tanto me gusta, de bizcocho recién hecho. Ya me puedo imaginar que ella debe estar en la cocin...