viernes, 3 de julio de 2020

¿Y si cenamos en mi casa?

Llamó a su puerta. Él iba informal. Baqueros, camiseta azul marino lisa y zapatillas tipo casual en color azul. Ella ya le había avisado que fuera cómodo.

Cenaban en casa. Hoy no había salida. Querían estar solos y tranquilos. Ella abrió la puerta. Llevaba un vestido largo de color azul marino, con un estampado de flores verdes, blancas y rosas. Llevaba unas sandalias planas. De cuero blanco, dejaban ver sus uñas pintadas en un coral vivo. El pelo suelto, se notaba que acababa de lavárselo, se le notaban unas hondas de recién cepillado. Nada más verse, ella se abalanzó a él, se abrazaron, tenían muchas ganas de volver a estar juntos. Los días separados a veces parecen semanas. Él la miró a los ojos sin dejar de abrazarla y lentamente acerco sus labios hasta que encontró los suyos. Pintados con un rojo pasión que resaltaban su volumen. Los dos se besaron intensamente. Ese beso hacía que sus corazones se aceleraran al máximo. Después de varios minutos abrazados y disfrutando de ese nuevo encuentro, pasaron dentro. Ella había preparado la mesa con todo tipo de detalles. Como si de una celebración se tratase. Ella quería que esa noche fuera muy especial. Pero quería que fuera a su manera. Las sillas estaban puestas de una manera una poco extraña. No estaban dentro de la mesa. Estaban casi enfrente una de la otra. Al lado de la mesa. Se sentaron uno frente al otro. Mientras él sirvió las copas de vino. No podían parar de mirarse.

Mientras bebían y comían. En un determinado momento ella se acercó aún más a él. Acercado su silla y teniendo que abrir sus piernas. Para lo cual tuvo que subirse un poco el vestido dejando sus rodillas al descubierto. Estaban tan cerca que se podían besar. Él puso las manos en sus rodillas y poco a poco fue subiéndolas, acariciando sus muslos, al llegar a su cadera la apretó con pasión (como cuando aprietas algo con rabia contenida, de querer romperlo, pero lo que realmente quieres es sentirlo entre tus dedos). 

Él fue metiendo sus manos entre sus muslos hasta llegar a su sexo, sin ropa interior, notó su  humedad nada mas tocar con los dedos sus labios excitados. Antes de que él pudiera jugar con ella, le apartó sus manos y cerró sus piernas para que él no siguiera.

Bruscamente lo echó para atrás en la silla. Y sus manos fueron a quitarle el cinturón desabrochando al mismo tiempo su pantalón. Le hizo levantarse levemente y consiguió bajar sus pantalones hasta abajo. Él se quedó sentado con su sexo a la vista, erecto, dispuesto, cuando ella lo agarró con sus manos mientras los dos se besaban. Poco a poco ella dejando de besarlo fue bajando mientras al mismo tiempo le quitaba la camiseta. Iba besándole el pecho mordisqueando sus pezones. Hasta llegar a su pene, duro, excitado, esperando para ella. Despacio se acercó y él notó como sus labios se abrían. Notó como su pene entraba en su boca, empezó a notar su lengua recorriéndolo, y sus labios como lo apretaba mientras subía y bajaba la cabeza. De repente levantó la cabeza. Se levanto del suelo y subiéndose encima de él, con su vestido al vuelo y prácticamente cubriéndolo entero, se sentó de golpe encima de su pene. Notando como la penetraba. Como entraba firme dentro de su sexo, húmedo y excitado. Ella se agarró a él y se quedaron quietos. 

Algo más tranquilos, decidieron tomarse el momento con más calma y empezaron a disfrutar de la cena, ella empezó a darle de comer al igual que él a ella. Mientras cenaban ella seguía encima de él con su pene dentro. Y con movimientos suaves, ligeros, de vaivén, notando un pequeño placer de estar en esa posición. Ya cansados de comer. Ella empezó a moverse más rápido. Estaba preparada para correrse. Él la cogió fuerte con una mano en su cadera y la otra en la espalda. La empujaba hacia él. Mientras ella movía su cuerpo sin parar, notando cada vez más su pene dentro. Como rozaba por su interior en cada movimiento. Cada vez se movía más rápido. Su respiración era más fuerte, más acelerada. Agarró la cabeza de él y la aplasto contra sus pechos, apretándolo fuerte y subiendo el ritmo de su cuerpo. Hasta que soltó un gemido fuerte, seco, sus piernas empezaron a temblar, por un momento parecía que iba a parar, pero, todo lo contrario, se agarró más fuerte a él y sus movimientos fueron más agresivos, más impulsivos, mientras apretaba los labios y de entre ellos se oían esos gemidos de placer. De repente paró en seco, agotada. Pero él quería más. Y la levantó. Apartó de golpe todas las cosas de la mesa (suerte que era grande y no llegó a caer nada al suelo). La tumbó boca arriba encima de la mesa, levantó su vestido todo lo que pudo dejando su sexo libre y a la vista para poder seguir gozando de él, cogiéndola de las caderas la llevó hasta el bode de la mesa quedando su culo al ras de ella, y de un gesto rápido y agarrándola de los muslos la penetró fuerte, al tiempo que ella se mordía el dedo gordo de su mano para no soltar ningún grito.

A la vez que la penetraba, sus manos iban buscando sus pechos por dentro de su vestido llegando a notar sus pezones duros, excitados. Agarrándose fuerte a ellos, y moviéndose cada vez más rápido, siguió penetrándola fuerte hasta que de un golpe seco y fuerte soltó un gemido y su cuerpo agotado calló encima de ella, apoyando su cara en la barriga de ella, notando su respiración acelerada de tanta pasión.

Exhausto. Acelerado. Los dos se quedaron así unos minutos mientras recuperaban el aliento. Al mirarse empezaron a reírse. Se reían cada vez más. Ella con su cuerpo todavía en la mesa y él ya sentado en la silla, recostado, todavía con síntomas de agotamiento. No se esperaba una cena así. Una cena que no olvidaría.


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